sábado, 7 de febrero de 2009

Mi querida...Cantabria.

Esta profesión nuestra de profesor nos depara muchos sinsabores y, a veces, algún inusual momento de placer (habrá quien no esté de acuerdo y prefiera invertir los términos pero yo, por el momento, así lo voy a dejar). Pues bien, pude disfrutar el pasado viernes día 6 de uno de esos caramelos con que la docencia nos agasaja de cuando en vez: huyendo de la nieve de Curtis que obligó a suspender las clases (y ya van cinco o seis), me diririgí a través de la N-634 (no sin algún que otro problemilla) a mi Ítaca santiaguesa y, una vez allí, sin saber muy bien lo que hacer, di con mis huesos delante de un ordenador dispuesto a matar el rato viendo algún nuevo blog de mis compañeros de Chiron, dejando algún nuevo comentario y también, obviamente, echándole un vistazo a mi correo. Y, entonces, ¡sorpresa! La más imprevista y gratificante de las sorpresas: un e-mail de mis alumnos de griego 1 de Cantabria me sorprende como sol de invierno en una mañana que empezaba a adquirir tintes deprimentes.
A Cantabria llegué tras superar las pruebas de una "bolsa de trabajo" (cuando las "bolsas de trabajo" implicaban hacer un examen, cosa que, al parecer, ya no se estila) en un momento profesional muy duro, tras haber sufrido en toda su crudeza las consecuencias de un sistema de oposición que nos lo ponía entre difícil e imposible a los que por esa época contábamos en nuestro ridiculum vitae con una notabilísima (in)experiencia. Y Cantabria me dio la oportunidad que Galicia me negaba (espero que nadie se me enfade). Allí tuve la suerte de conocer a un conjunto de gente de una calidad humana insuperable: Paco, profe de griego (¡qué buen maestro si oviese buen discípulo!), Conchi, profe de latín (¡qué buena brújula para un gallego desnortado!), Josu, de "reli", Matías, de francés, los de lengua española (Azucena, mi mejor "jefa", Javier, Cecilia...)...Y luego estaban mis alumnos, los de griego 2 (Miriam, Noelia, Mario y mi admirado Diego) y, sobre todo, los de griego 1, mi debilidad, mis chicos, mis granujillas. Todo salió bien y fue gracias a ellos: un profesor no es nadie si no tiene quien le escuche y yo tuve la suerte de poder contar con la mejor materia prima. Ni por un momento me pasó por la cabeza la posibilidad de dedicarme a dejar pasar el tiempo, conformándome con saber que estaba sumando puntos para un nuevo "round" de mis oposiciones y, de paso, poniéndole un remiendo a mi maltrecha cuenta corriente: no es mi estilo y además aquella gente no se lo merecía; hubiera sido no estar a la altura.
Gracias a todos porque su cariño y su cobijo hizo que nunca un gallego tuviese tan poca nostalgia y, sobre todo, gracias a vosotros, chicos: Sara, Ulises, Jezabel, Jennifer, Aída, Isma, Raquel, Marcos, Javier, Iris, Laura, Iñaki...Aquí me tenéis para lo que haga falta. Os llevo en el corazón.

3 comentarios:

Ana dijo...

¡Qué cariño se escapa entre tus palabras! Un artículo muy lindo, lleno de sentimientos. Gracias por compartir esos recuerdos tan entrañables que muchos podemos reconocer como propios. También me toco hacer ruta muy lejos de casa, eran malos tiempos, pero afortunadamente ahora quedan como hermosas vivencias a las que miramos con una sonrisa.

Luis Inclán dijo...

Daniel:
Tus palabras, emocionantes para todos, seguro que sirven también para calmar los ánimos de algunos pesimistas. Porque es cierto que quien siembra, recoge. Te lo puedo confirmar.
Gracias por una entrada tan sentida, y saludos cordiales.

Lis dijo...

Qué alegría cuando llegó Aída a clase y nos dijo que tenía un mail tuyo...

La verdad es que en este tiempo nos hemos acordado mucho de ti, y es que el curso pasado tú fuiste quien nos enseñó más griego, dado que Paco no estuvo mucho tiempo con nosotros. Te tocó enfrentarte a la difícil tarea de dar clase por primera vez en una CC AA que ni siquiera era la tuya, y encima vas y te encuentras con nosotros, unos alumnos de 1º sin ninguna idea de griego más allá de los conocimientos mínimos que nos había enseñado Paco y, lo reconozco, bastante revoltosos. Aunque intentábamos portarnos bien, es cierto que a veces nos salía la vena "traviesa" y no te dejábamos darnos clase, hasta que decías tu "¿¡Os quereis callar?!", y se hacía el silencio en clase(al menos durante un tiempo).

ME alegra que guardes buen recuerdo de nosotros, la cosa es recíproca.

Iris.